Hay días que te apetece celebrar, por ejemplo, San Valentín. Y no van de flores ni de promesas eternas. Van de parar, elegir bien y disfrutar. De compartir mesa, sofá o copa con quien te apetezca: tu pareja, tus hijos, tus padres, tus amigos… O contigo misma, que también cuenta. Este es un plan abierto, sin etiquetas y con muchas excusas para darse un “gustazo”: postres que reconfortan, brindis sin reglas, pequeños rituales de belleza y alguna que otra sorpresa inesperada. Tú marcas el ritmo. Porque celebrar no va de fechas, va de ganas y de ponerle amor a tus planes.